3 de agosto de 2011

El Ávila: fuente permanente de inspiración

Los caraqueños subían a El Calvario para verla en todo su esplendor, Cabré siempre consideró al Ávila en su aspecto paisajístico. El Waraira Repano ha sido una fuente permanente de inspiración para los habitantes de la capital, como parte de la vida de la ciudad desde su fundación, en 1567.


Sobre la significación de esa montaña para Caracas, el cronista de la ciudad, Guillermo Durand, destacó que son muchos los pintores que han tendido y tienden su mirada al Waraira Repano, un cerro muy cautivador y exuberante, que aparece en muchos retratos paisajísticos de la ciudad.

"Sin embargo, el retratista por excelencia, el biógrafo de la montaña, es Manuel Cabré, un hombre académico que dedicó su arte a captar el cerro con todas sus tonalidades, su colorido, sus matices", afirmó.

Cabré fue un hombre que dedicó todo su legado pictórico a ese cerro, el cual pintó desde casi todos los puntos de vista de la ciudad de Caracas, y supo captar los cambios de ambiente de la montaña, también llamada sierra, que servían de esparcimiento a los habitantes de la capital.

"En esa época no existían edificios, era la Caracas de los techos rojos, como la llamó Pérez Bonalde, y El Calvario era la terraza de la ciudad, porque tenía, a la derecha, una vista de la grandiosidad del valle y, a su izquierda, todo el esplendor del Waraira Repano. Era una de las cosas que más gustaba a los caraqueños a comienzos del siglo XX, subir al Calvario, donde podían tener una visión del cerro muy majestuosa. Pero hace 50, 60 años que los caraqueños perdieron esa visión del Waraira Repano", destacó el cronista Durand.

Admiración por el cerro. Pero no sólo el Waraira Repano ha sido fuente de inspiración para pintores. También poetas, escritores y cantantes han expresado "su admiración por el monte imponente ante la ciudad que se tiende a sus pies". 

En ese sentido, el profesor e investigador Bruno Manara, en su libro El Ávila, biografía de una montaña, relata que para el escritor e historiador trujillano Mario Briceño Iragorry, el amor al Ávila era el elemento de toque para medir la caraqueñidad de una persona y "el signo de afición sincera a los más sencillos y claros valores de la nacionalidad".

Ese sentir lo dejó plasmado al exponer el paisaje caraqueño en la Crónica de Caracas, donde afirma: "El culto al Ávila forma parte del culto a la ciudad. La neurosis de la gran urbe alcanza caminos de fuga en la contemplación del cerro. El monte pareciera poseer los caminos de la paz. Quien se incorpora a la vida de Caracas, no adquiere los signos de la caraqueñidad hasta tanto aprenda a interpretar las luces del cerro majestuoso".

También el escritor Manara hace referencia a las palabras del cantante Ilan Chester en su tan conocido y tarareado Canto al Ávila:

Y sabe Dios 
Los pintores, los poetas, las paletas,
Cuánta pluma de poeta, 
Cuántos ojos encontraron un poquito de solaz. 
Y digo yo: 
Vas regalándole al día carga de buena energía, 
vas haciendo más humano
mi sentir y mi cantar, 
cerro Ávila, 
cerro el Ávila, 
Ávila, 
cerro el Ávila…

Esa letra, tarareada a menudo por los caraqueños, es representativa de los homenajes que artistas, poetas y escritores le han tributado al Waraira Repano, demostrando la admiración que siempre ha despertado esa montaña en quienes habitan la ciudad que acaba de cumplir 444 años.

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