1 de septiembre de 2011

São Paulo, la ciudad de los museos

La urbe destila arte e historia en cada rincón. Esta colosal metrópoli es pretenciosa, pero tiene con qué. Déjese envolver por su oferta cultural y su aire cosmopolita

Jugar a ser un paulista no resulta sencillo. La ciudad brasileña de São Paulo alberga demasiadas cosas para recorrer y admirar. En un área de 1.530 kilómetros cuadrados, monumentos que cuentan la historia del rico mestizaje del país se levantan en medio de autopistas y espacios públicos. Sus 90 museos, 39 centros culturales, 260 salas de cine y 152 teatros ­cifras oficiales de la oficina São Paulo Turismo­ le han hecho ganarse el título de capital cultural de América Latina.


Viajar a este destino le reserva jornadas enteras en la agenda para disfrutar de exposiciones, montajes y proyecciones nacionales e internacionales. Así que empaque zapatos cómodos y dedíquese a visitar sus museos. Es casi imposible recorrerlos todos, pero hay algunos imprescindibles para comprender el espíritu brasileño.

Entre raíces lingüísticas. Los sonidos flotan en el aire y se confunden con un mantra que proviene de las entrañas de la tierra. Sólo algunos logran atrapar y comprender el significado de esas huidizas palabras que se pronuncian en varios idiomas, pero los brasileños tienen un museo para explicarlo a propios y extraños.


La voz del poeta y músico brasileño Arnaldo Antunes recibe a los visitantes del Museo de la Lengua Portuguesa, mientras suben en el ascensor. Cintia Tunes, guía del lugar, dice que los vocablos que componen el grave murmullo son "lengua" y "palabra", conceptos sobre los que se erige el recinto.


Este edificio del siglo XIX, cuya arquitectura posee un marcado estilo inglés, sirvió como una antigua estación de tren. Actualmente, sus tres plantas albergan exposiciones interactivas y un auditorio donde se exhiben cortometrajes que dan cuenta del origen de la lengua portuguesa. Cada parte del recorrido de este templo del lenguaje atrapa líneas de tiempo, mapas de dialectos y un juego sobre etimología donde se unen sufijos y prefijos para crear palabras.


Todo está tan bien montado que hasta el más apático queda fascinado con el producto de esta fusión de culturas tan disímiles entre sí, que logró el enriquecimiento del portugués para convertirlo en esa lengua cantarina que hablan los vecinos del sur.


La galería del Pentacampeón. El Museo del Fútbol es un microcosmos dentro del colosal estadio municipal Paulo Machado de Carvalho, mejor conocido como Estadio de Pacaembu. Vale la pena visitarlo, así usted no sea un hincha fervoroso.


Dividido en una planta de entrada y 2 pisos, el museo presenta 16 secciones que exaltan la gloria alcanzada por los astros del balompié caranihno dentro del contexto político y social de cada época. No se preocupe por el idioma, pues los turistas reciben un pequeño transistor que guía el recorrido por las salas en castellano.


Una vez que ingrese, el mismísimo Pelé le dará la bienvenida en una pantalla translúcida y delgadísima, en tamaño real. A continuación, una pequeña galería repasa la historia de 25 jugadores creadores del "fútbol arte", como Nilton Santos, Garrincha, Roberto Carlos y Ronaldinho Gaucho.


En la sala Exaltación, ubicada bajo las gradas del estadio, se rinde un tributo a la emoción de la fanaticada. Videos proyectados en pantallas exponen los momentos en los que las barras enloquecen, cantan, bailan y alientan a sus campeones. El sonido es ensordecedor y deja claro que, para los brasileños, el fútbol es más que un deporte.


El nombre de Charles Miller, jugador brasileño que trajo el balompié al país, figura en las paredes del lugar, entre muchos otros. El mulato Arthur Friedenreich, a quien se le atribuye haber establecido un antes y un después en la historia del fútbol por ser el primer jugador de color, se encuentra entre los héroes de este fenómeno cultural.


Las derrotas de la selección también forman parte de la muestra. Con un sentido silencio de fondo, un video muestra el momento en el que Uruguay ganó a Brasil 2 a 1 en el estadio Maracaná, en el Mundial de 1950.


La nostalgia encuentra un lugar perfecto para anidarse en una sala que expone el contexto social y político que envolvió a cada Copa Mundial. Y si desea vivir la adrenalina de los grandes por un momento, acuda a la sala de proyección en 3D o disfrute con sus hijos en los simuladores de campo de fútbol, donde puede ser un campeón goleador.


Un mundo de arte contemporáneo. En medio de la avenida Paulista, una de las más palpitantes de la urbe, un edificio con forma de caja y suspendido por columnas rojas se alza para robar la atención de quienes recorren esta ruta por primera vez. La estructura fue proyectada por la arquitecto Lina Bo Bardi y es sede del Museo de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP), en cuyo interior se encuentra el acervo artístico más importante de América Latina.


Esta pinacoteca se precia de tener una de las tres únicas colecciones completas de Las bailarinas de Degas. Las otras dos están en el Metropolitan de Nueva York y en el D'Orsay, en París. Rembrandt, Van Gogh y Picasso figuran en sus paredes con obras que merecen ser apreciadas con calma. Actualmente, la exposición De dentro e de fora (De adentro y de afuera) muestra algunos de los nombres más importantes en el mundo del arte urbano, provenientes de Estados Unidos, Argentina, República Checa y Francia. Estará abierta hasta el 23 de diciembre de este año.


Un par de consejos: disponga de tiempo suficiente para apreciar con calma las exquisitas colecciones. El recinto posee un restaurante buffet ideal para almorzar. Antes de comenzar su recorrido por el edificio, dé una vuelta por el Parque do Trianon, un espacio que oxigena los pulmones y da el toque natural a la Paulista.


La Pinacoteca: oda a la estética. El viajero puede sentirse trasladado a una ciudad europea cuando está frente a esta imponente obra arquitectónica que se encuentra influenciada por los principios del eclecticismo italiano.


La Pinacoteca del estado de São Paulo, primer museo de artes plásticas de la capital paulista, se inauguró en 1905, luego de albergar la Escuela de Bellas Artes de São Paulo y de haber servido, previamente, como una institución dirigida a formar a las clases trabajadoras del campo y la ciudad.


Sus 3 pisos con 2 patios internos despliegan arte brasileño de los siglos XIX y XX, así como una colección de 12 esculturas de Auguste Rodin y otros artistas franceses. La parte posterior del edificio conduce al Jardim da Luz, un antiguo jardín botánico que alberga obras de arte bajo las copas de los árboles.

Si el recorrido le abrió el apetito, puede aprovechar la vista del parque para disfrutar las delicias del Café Flor, que expende bocadillos dulces y salados desde 3 reales. A pocas cuadras, la Estación Pinacoteca ­antigua sede del Departamento de Orden Político y Social­ cuenta con aproximadamente 8.000 metros cuadrados para realizar muestras temporales.  

Fuente: http://www.el-nacional.com

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