9 de noviembre de 2011

Cuando se trata de viajar en Familia

Cuando se viaja con recién nacidos, niños pequeños y adolescentes toda la logística cambia, desde la planificación del destino hasta los lugares para comer. Siempre son pertinentes algunas recomendaciones para que la experiencia sea agradable para padres e hijos.

Rutinas de bebés

La dinámica

Viajar en avión con un bebé es una experiencia difícil para los padres. Ataques de llanto, antojos, derrames de comida, cambios de pañal son algunas complicaciones que pueden afrontar durante un vuelo.

Si bien no existe una fórmula mágica para que todo salga sin contratiempos, una buena planificación le permitirá ir con comodidad.

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que los bebés no pagan boleto aéreo hasta los dos años de edad.

Sólo cancelan 10% del pasaje que corresponde a los impuestos.

La revista Condé Nast Traveler indica que muchas líneas prestan cunas cuando se les notifica con anticipación. Algunas tienen restricciones de edad mínima para viajar, por ejemplo, Continental Airlines no admite bebés de menos de siete días de nacidos.

Si se puede dar el lujo opte por viajar en primera clase. Eso le permitirá tener mayor espacio en el asiento y un servicio privilegiado. Si no puede hacerlo, un buen truco es preguntar en el mostrador de la compañía si el vuelo va lleno y pedir un asiento junto a un puesto vacío.

Cuando escoja el destino evite un itinerario de múltiples conexiones y tiempos espera. Desde Venezuela los vuelos directos no siempre son posibles, por lo que es mejor ir a lugares que no requieran trasbordo. Recuerde que si se traslada al exterior los menores de edad tienen derecho al cupo de 500 dólares en efectivo que otorga Cadivi, el cual puede ser solicitado por uno de los padres.

A la hora de hacer maletas verifique que lleva hasta lo más elemental en el bolso de mano. Cada aerolínea establece límites de peso de equipaje, por eso es preferible conocer bien esas especificaciones antes de llenar la pañalera con objetos innecesarios. No olvide incluir una muda de ropa para el bebé y una camisa adicional para la madre, en caso de incidentes a bordo.

El portal BabyGoes2.com, una guía de viajes virtual para padres, señala que el día antes de iniciar el periplo es ideal que el niño descanse y tome bastantes líquidos.

Si la madre está dando pecho debe amamantar al momento del despegue y del aterrizaje para evitar que al bebé se le tapen los oídos. En niños grandes los cartones de jugo con pitillo pueden funcionar para este fin. En cuanto al hotel, algunos ofrecen servicio de niñeras o guardería. Sin embargo, a veces puede resultar mejor hospedarse en una villa o apartamento, pues brindan más flexibilidad de horarios.

Es bueno confirmar que existan farmacias o mercados cerca, en caso de que se presente alguna emergencia.

Vacaciones sin aburrimiento

La dinámica
No son tan pequeños como para ser supervisados constantemente ni tan grandes como para pasar horas caminando por un museo. Los niños tienen intereses muy diversos. Es difícil que un joven de 11 años de edad se sienta atraído por un espectáculo de los Backyardigans ­personajes animados­, pero tal vez a su hermanito de 5 años le fascine.

Para complacer las necesidades de cada etapa están los infalibles resort y sus clubs infantiles. Pero si no se quiere sacrificar un paseo a regiones exóticas o de exploración cultural porque los más pequeños se aburren conviene comprender un poco la dinámica de viajar con ellos.

Uno de los principales problemas es el traslado. Por eso es oportuno preguntar por los servicios que la aerolínea ofrece a los niños (juguetes, pantallas personales, entre otros).

De igual forma, no olvide empacar en el bolso de mano el Game Boy o algún otro gadget que lo mantenga entretenido. Si se traslada a otro hemisferio empiece a adaptar al niño al nuevo huso horario, modificando sus tiempos de siesta y comidas.

Para combatir el tedio seleccione hospedajes con entretenimiento para niños. Algunos hoteles tienen instalaciones especiales donde pueden jugar e, incluso, aprender deportes o actividades nuevas. Otras alternativas de alojamiento son villas o cabañas, recomendables por cuestión de flexibilidad.

Como los pequeños suelen tener antojos a deshoras también vale la pena verificar los horarios del restaurante del hospedaje y consultar si en los alrededores hay lugares donde sirvan comida todo el día.

Irreverencia adolescente

La dinámica

Cuando los hijos llegan a la adolescencia es el momento perfecto para viajar con ellos a Europa, pues pueden apreciar mejor los lugares históricos y tolerar los vuelos de varias horas. No obstante, el hecho de que estén más grandes no quiere decir que tengan los mismos intereses que los adultos. Por ejemplo, antes que pasar el día en el Museo del Prado en Madrid ellos preferirán visitar el estadio Santiago Bernabeu.

Conjugar los deseos es una de las tareas más difíciles que afrontan los padres cuando viajan con jóvenes.

La clave está en encontrar el equilibrio.

Lo primero que hay que entender, según un artículo publicado en el portal de Travel Channel, es que los horarios de los jóvenes son distintos a los de sus padres.

Mientras a estos últimos les fascinaría la idea de despertarse temprano a observar el amanecer, a los hijos adolescentes les costará trabajo levantarse antes de las 10:00 am y hacer cualquier actividad antes de comer un sustancioso desayuno.

Este es uno de los retos que se plantean al viajar con ellos. Para evitar el malestar de pasar las vacaciones con alguien que esté permanentemente aburrido, la negociación debe hacerse en todo momento: para seleccionar el destino, las actividades diarias, las comidas y las visitas.

Además de los resort, que proveen un ambiente seguro para que cada quien pueda andar por su cuenta e interactuar con sus contemporáneos, otra posibilidad son los viajes para practicar un deporte que les guste a todos ­como el esquí, el rafting o el senderismo, por ejemplo­, periplos temáticos, enfocados en una actividad que les agrade a padres e hijos.

Fuente: http://www.el-nacional.com/

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