14 de noviembre de 2011

La Gran Sabana en Navidad

El viaje a este lugar milenario los primeros días de enero es la muerte en camisola gris. Muchedumbres desatadas se aglomeran en todas partes.

Escrito por Valentina Quintero para El Nacional

Cómo llegar. Desde donde esté deben situarse en Puerto Ordaz y dirigirse sur franco, atravesando Upata, El Callao y Tumeremo hasta llegar a El Dorado. Ahí empieza la euforia ­para mí­ al rodearse de la selva del Imataca, esperar que se despeje y prepararse para el instante crucial en el cual se abre el universo y aparece la Gran Sabana.

Sin afán. No creo en planificación durante este recorrido a la Gran Sabana, en su ruta principal. Que sean la hora, los antojos o el acuerdo del grupo los que determinen la próxima parada. Si les provoca quedarse bajo las corrientes de La Golondrina, no hay necesidad de mudarse a las de Kawi. Para mí, la euforia se dispara en el kilómetros 759, cuando la selva se despeja y aparece la sabana.

Sugiero entrar tempranito o al final de la tarde, con una luz cálida e invitadora. Seleccionen la música para ese instante. Estarán entrando al Parque Nacional Canaima que tiene 3 millones de hectáreas. Tierra de pemones, tepuyes, aguas de colores y cielos luminosos.

No recomiendo tanto quedarse en Santa Elena y viajar cada día al parque, a no ser que el grupo se niegue a la dicha de la vida al aire libre. Es una ricura acampar. Todo está diseñado para instalar la carpa y andar en libertad. Los baños son de río, las caminatas de selva y sabana, la respiración pura y la emoción permanente. Se habla de una energía especial en la zona y es verdad. Sacude el alma. Sugiero dejar el apuro y el turismo por metas. Deténganse por horas sólo a observar este universo mágico, contemplar los tepuyes y recordar que para los indígenas constituyen casas, mundos donde habitan los espíritus.

Les ruego que no abran nuevos caminos. Por siglos esta tierra se mantuvo apartada de cualquier indicio de civilización. Ya es suficiente con la carretera y los postes. Como es un territorio tan anciano le cuesta mucho recuperarse.

Tampoco dejen basura. Es un verdadero atentado y una falta de sensibilidad sólo comparable a pegarle a la mamá. A la hora de bañarse en los ríos, usen sólo productos biodegradables como el jabón azul.

Planes que me encantan. Si hace muchos años que no van a la Gran Sabana, se van a dar cuenta que han aparecido un montón de letreritos nuevos a la orilla de la ruta principal.

Atrévanse a variar los destinos tradicionales, exploren lugares menos concurridos, apacibles, poco intervenidos, con apenas una o dos churuaticas y alguna corriente leve. Son exquisitos para estar en soledad, sólo con el grupo que los acompaña. En el Km 790 está la entrada a San Juan de Kamoirán. Este camino conduce a una pequeña comunidad de pemones para continuar luego hasta al salto Kamoirán, precioso, poco visitado y con área para acampar en la parte de arriba. Al salto se baja por un caminito estrecho, pero le pusieron unas barandas. Si es época de lluvia, necesitan doble tracción. Las Cascadas de Manakachi están en el Km 796. Es un sitio lindo, con apenas un área de carpas y el río con cascaditas. Lo mismo conseguirán en el Km 803, donde queda MoyParú El salto La Golondrina está en el Km 810. Bastante más visitado, pero me fascina porque son varios saltos, el espacio es muy amplio y el río corre en un largo trecho. Todos los caminos están señalizados, con barandas y escalones. La entrada puede ser abrupta si ha llovido. Otro de mis favoritos es el salto Kawi. Busquen a Mercedes y su familia, un grupo de pemones conservacionistas y gentiles. Pídanle que los lleve a hacer el recorrido por cada uno de los saltos, las pozas, los toboganes y al final, un baño en una especie de regadera silvestre. Si no hay más nadie, hasta pueden gozarse el instante desnudos. Ella tiene una niñita preciosa, silvestre, que acompaña en las excursiones, se baña en todos los pozos, se ríe dichosa y provoca apurruñarla cada segundo.

En el Km 823 una opción sencilla, más bien básica, que puede servir para un almuerzo campestre o un desayuno con baño de río, es el campamento Uramik Merú. Son dos kilómetros de caminito y se llega. En La Piscina ­Km 864­ se prohibió el acceso en carro.

Todo por culpa de los desmanes de los rustiqueros-malandros. Pero como sigue siendo un sitio extraordinario, pueden agarrar sus macundales, caminan desde Quebrada de Pacheco y pasan así sea el día.

Otro sitio que adoro es el campamento Yenchitón o Aguas Calientes, de Eleuterio y Dilia Franco. El agua corre por una laja durante todo el día, lo cual la deja calientica cuando cae a la poza. De ahí su nombre.

Hay playita, balneario, área de camping y baños. En temporada de lluvia se requiere vehículo doble tracción. Lo más atómico es caminar por la inmensa laja de piedra, lanzarse en ese tobogán, darse baños, ver el cielo, instalarse en las piedras a secarse al sol como los caimanes. Ser feliz en ese contacto cercano con la ancianidad del planeta.

Planes de aventura. Si deliran por la novedad, lleguen hasta Santa Elena de Uairén, busquen una churuata en toda la entrada que dice "Ruta Salvaje". Ahí tienen que hablar con Iván Artal, pequeñito, cumplidor, habitante de la Gran Sabana desde hace más de 20 años, conocedor de cada uno de sus recovecos, vigilante extremo de sus paisajes.

Hay varios planes que ofrece Iván que para mí son lo máximo. Uno es pasarle por detrás a la cascada del río Yuruaní. Es una loquetera. Te ponen salvadidas, casco, medias y arrancas a caminar por las piedras viendo el mundo a través del agua. Luego te lanzas en body rafting con los salvavidas y si quieres más, puedes hacer rafting. Es una ricura. Otro de sus planes es volar en un avioncito más chiquito que un ultraliviano. Es un motor y un ala. Como si fuera un parapente pero con motor. Por lo general es un vuelo al amanecer. Es la única forma de ver este espectáculo de morichales que les muestro en la foto. También ofrece Iván planes de kayak por varios días. Todo lo que organiza es una divinidad.

Fuente: www.el-nacional.com

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