29 de enero de 2012

Navegar en un crucero es más seguro que viajar en avión

El inverosímil hundimiento del Costa Concordia estremeció a los turistas. Sin embargo, las estadísticas indican que no hay por qué temer

Se hundió. Aún cuando en pleno siglo XXI, a 100 años del naufragio del Titanic, parecía imposible que un barco pudiera desaparecer en la vastedad del océano, el Costa Concordia naufragó frente a los ojos del mundo entero. Y, así, de pronto, los cruceros dejaron de ser para muchos turistas esas ciudades flotantes que ellos creían inmunes a la catástrofe.

A raíz del accidente es posible que se revisen algunos procedimientos de la industria, pero los expertos coinciden en que no hay que temer. Wendy Perrin, editora de la revista de viajes Condé Nast Traveler, señala en su post Why I’m Not Paniking, que las probabilidades de que un viajero fallezca en un accidente dentro de un crucero son 1 en 6 millones. Menos que las de morir en un choque automovilístico rumbo al puerto ­1 en 7.000­.

Apoyándose en un estudio realizado por Cruises News Media Group, con datos de GP Wild. Ltd, Michael Crye, representante de la organización Cruise Lines Internacional, declaró en estos días que casi 100 millones de pasajeros abordaron cruceros desde 2005 hasta 2010 y, de ellos, apenas hubo 16 muertes vinculadas a incidentes marítimos.

El peor registro ocurrió en 2010 cuando hubo 5 víctimas mortales, mientras que en 2008 y 2009 ­años en los que se transportaron 16,3 y 17,6 millones de pasajeros respectivamente­ no se reportaron decesos.

Las cifras ya dicen mucho sobre los altos estándares de seguridad que implementan las navieras. Dos años después de la tragedia del Titanic, en 1914, se creó la Internacional Convention for the Safety of Life at Sea (SOLAS), acuerdo internacional que establece ciertos parámetros para evitar accidentes en altamar como, por ejemplo, el número de botes y de salvavidas requeridos dentro de un barco. Actualmente el ente está administrado por la Internacional Maritime Organization, adscrita a las Naciones Unidas.

¿Cómo funciona? Cada barco lleva la bandera de su país de origen, que debe velar porque cumpla con los protocolos de seguridad necesarios. Igualmente, en cada puerto se hacen inspecciones. Si se detecta alguna falla, autoridades como la guardia costera local o el capitán del puerto tienen la potestad de impedir el embarque o salida de la nave hasta que éstas sean corregidas.

Los requisitos más relevantes estipulan que todos los barcos deben tener botes que puedan embarcarse dentro de los 30 minutos posteriores a la señal de evacuación, balsas y chalecos salvavidas para cada persona a bordo. También exigen que se efectúe un simulacro de seguridad dentro de las primeras 24 horas del zarpe. Seguramente ahora los turistas que antes aprovechaban ese momento para socializar, o para tomarse la clásica foto luciendo el salvavidas anaranjado, prestarán más atención al protocolo.

Fuente: El Nacional

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